HACER LAS AMÉRICAS

De nuevo se vuelven a agitar las aguas del Atlántico para crear “sentimientos de odio” entre gentes que poco les atañe los problemas de hace 500 años, con la que está cayendo. La memoria histórica y la psicología tienen mucho en común, ya que ambas tratan de restañar los traumas pasados con el fin de poder seguir adelante. El papel del psicólogo en la memoria histórica lo realiza (y es el único que debe realizarlo) el historiador que, utilizando la investigación objetiva y seria, nos cuenta qué es lo que realmente ocurrió, cómo y por qué. Las opiniones de políticos, tertulianos o influencers son muy respetables en el sentido de que todo el mundo tiene derecho a decir lo que piensa (el gran filósofo americano Harry el Sucio lo expresó mucho mejor que yo), pero no todas las opiniones tienen el mismo valor; las hay con criterio y también sin criterio, con fundamento y sin fundamento. Yo soy historiador por formación, no por profesión, y no soy ningún especialista en historia de América, ni en historia moderna, así que tampoco tengo yo mucho fundamento, con lo que me limitaré a dar una opinión, la mía. Lo que sí es cierto es que, por formación, me he acostumbrado a ver el pasado con mucha precaución, dejando fuera todo tipo de prejuicio, contrastando ideas, con perspectiva y poniendo las cosas en contexto. Nunca pongo primero la idea a la que quiero llegar para después justificarla con retazos que voy tomando de aquí y de allá.

     Hasta donde yo sé no hay ningún estado actual en cuya formación no haya intervenido algún tipo de violencia. En la antigua Mesopotamia sumerios, acadios, babilonios, asirios, hititas, medos, persas fueron sucediéndose en el control del territorio, modificando fronteras y sometiendo a las poblaciones de los otros; y en ningún caso fue por medios diplomáticos. Los persas intentaron hacerse con el mundo griego, y años después fueron los griegos los que conquistaron Persia y mucho más. Roma dominó todo el Mediterráneo por medio de la violencia y la coacción (esto es, la amenaza de ejercer violencia). En el siglo XX la Alemania de Hitler invadió Francia, más que nada por revancha, pero lo que le interesaba de verdad eran los recursos de la Unión Soviética, que a su vez invadió Polonia, Finlandia, los países bálticos y todo lo que pudo hasta que Alemania les invadió a ellos. Francia, que como dije fue tomada por Alemania, no tuvo ningún pudor en intentar reconquistar Vietnam en cuanto Hitler desapareció. Y Churchill, que defendía con sangre, sudor y lágrimas a la Gran Bretaña, sin apenas fuerzas, enviaba tropas a Birmania para defender su imperio colonial.

     En América no fue muy diferente. En el siglo XV la Europa occidental estaba que se salía, con grandes transformaciones políticas, económicas, culturales, tecnológicas y, por supuesto, militares que la situaban en la pole position de la carrera mundial. Y liderando esa transformación se situaban la corona de Castilla y el reino de Portugal, que no dudaron en hacerse a la mar Atlántica para descubrir y conquistar todas las tierras posibles, una vez que habían conseguido vencer a los diferentes reinos musulmanes que quedaban en la Península Ibérica. El descubrimiento de América era inevitable (de hecho ya lo hicieron los vikingos hacia el año 1000), pero Isabel de Castilla tuvo la suerte de que Colón, de rebote, le planteara una operación de alto riesgo para él mismo, pero no tanto para la Corona, y que, de salir bien, podría reportarle pingües beneficios. No era ni mucho menos una operación altruista con el fin de hacer el bien al prójimo (¿de verdad alguien se lo cree?). Era una operación cuyo objetivo era conquistar nuevas tierras para beneficio del conquistador, como ha ocurrido siempre y, lamentablemente, sigue ocurriendo. Y quienes fueron allí a conquistar fueron fundamentalmente militares, pequeña nobleza y algunos clérigos, cuya misión era tomar posesión de las nuevas tierras descubiertas haciendo uso de la violencia, del poder y de la ideología (Iglesia). Como en cualquier otra conquista realizada antes, durante y después en cualquier lugar del mundo. Lo de América no fue ninguna excepción. Y para todo esto hay nombre: conquista, colonización, imposición, expolio, explotación.

     No se fue allí a evangelizar. Claro que la gente de la Iglesia iba allí a “convertir” en cristianos a los pobres incautos paganos, quisieran o no quisieran, pero ese no era el objetivo de la operación americana. El objetivo era puramente económico: hacerse con los recursos americanos para llevarlos a Castilla y, desde allí, casi sin detenerse, a Europa. Así que se puede decir que los recursos de América sirvieron para hacer más rica y poderosa aún a Europa. Y la mano de obra que se utilizó para ello fueron los nativos americanos, hasta que comenzaron a menguar peligrosamente, y entonces se echó mano de esclavos africanos, cuyo comercio se convirtió en nueva fuente de riqueza para los europeos. Y sí, seguro que uno se puede imaginar una escena en la que los aztecas, los mixtecas, los incas, los mayas, quechuas, guaraníes, etc, como si fueran miembros del Frente Popular de Judea en la Vida de Brian, comentaran todas las cosas buenas que han hecho los “españoles” por nosotros, pero eso no hace que las razones de la conquista de América fueran otras.

     Y no, no fue genocidio lo que cometieron los castellanos en América, no había ningún motivo puesto que los indígenas eran muy útiles; estos murieron por sobreexplotación y por las enfermedades que llevaron los europeos a América. Sí que parece más genocidio lo que hicieron los colonizadores del norte con los indios de Norteamérica (por cierto, Vladimir Jabotinsky, padre del sionismo israelí, tomó como modelo para lo que había que hacer con los árabes de Palestina el ejemplo norteamericano con los indios; se puede leer en su manifiesto El muro de hierro). Y sí, uno puede estar orgulloso de la reacción de varios intelectuales y religiosos castellanos frente a la colonización que sus contemporáneos estaban llevando a cabo, como Bartolomé de las Casas.

     Todo eso ocurrió hace ya mucho, fue lo que fue y no se puede cambiar. España estaba empezando a formarse, pero aún no existía, era tan solo una unión dinástica (Aragón intervino mínimamente en la conquista de América, al menos en las primeras décadas); la población americana del siglo XVI tampoco tiene nada que ver con la población actual. La relación entre España y los estados americanos del siglo XXI no es de colonización, de explotación, de dependencia, sino que son relaciones entre estados soberanos. Y ciertamente lo que nos une es mucho y bueno, aunque nuestra historia común ha estado llena de cosas no tan buenas (nada que no se pueda decir del resto del mundo). Es bueno ver la realidad de frente y asumirla, contarlo sin tapujos y no crear relatos mediocres que por un lado elogian a grandes héroes militares que matan para conquistar (véase Hernán Cortés) y por otro se les llena la boca justificando la conquista de  América por todo el bien que llevaron a los indígenas (a los mismos que también mataban). Y no sé si el estado español tiene que pedir perdón a los países americanos (muchos de los que lideraron las independencias americanas en el siglo XIX eran descendientes de colonizadores y algunos estados actuales tienen una proporción de población europea mayoritaria, como es el caso de Argentina y Uruguay), ya que en realidad todo el mundo debería estar pidiendo perdón a todo el mundo por sus pasados. Pero sí que creo que es bueno que se llamen a las cosas por su nombre y no nos alegremos por nuestras violencias históricas, y sí por las muchas cosas buenas que nuestros antepasados han hecho.

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