PASEOS POR ATENAS

Llegué a Atenas esperando una ciudad anclada en un pasado glorioso y me encontré una urbe alegre, viva, llena de color, de luces y sombras, con una gente cargada de hospitalidad, siempre dispuesta a hablarte y escucharte (todos los atenienses hablan inglés y lo que haga falta). Con una gastronomía rica y diversa y miles de rincones fascinantes. En definitiva, un paraíso para la fotografía (y la pintura). Me sorprendió el barrio de Monastiraki, repleto de tabernas donde lugareños y turistas buscan (y encuentran) su lugar de descanso y divertimento; el encantador barrio de Plaka; el relax del parque y colina de la Pnyx, con unas vistas increíbles; el cambio de guardia en la plaza de Sintagma, con la armoniosa coreografía de los soldados con sus zapatos con borlas; la agotadora subida al monte Licabeto, con las mejores vistas de Atenas; y, por supuesto, la omnipresente Acrópolis, desde donde la diosa Atenea, la hija predilecta de Zeus, protege a todos los atenienses.

Hice más fotos con mis ojos que con la cámara, quizás porque no quería perderme ni un solo instante, pero algunas cayeron solas dentro de la cámara oscura, sin esfuerzo, porque las imágenes aparecían para que solo tuviera que recogerlas. Una selección de ellas puedes verlas en mi web  www.fernandojimenezbarrero.es

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