WARHOL, POLLOCK Y OTROS ESPACIOS AMERICANOS

Los largos años centrales del siglo XX fueron testigos de la lucha por encontrar, o, mejor, por explorar, el espacio en el arte. Desde entonces nos hemos creado la imagen de la antítesis entre la figuración y la abstracción, de los cuales serían protagonistas Andy Warhol y Jackson Pollock respectivamente. Esta magnífica exposición que nos trae el Thyssen llega para replantearnos esta idea, posibilitando un diálogo entre los mayores artistas de este periodo del siglo XX, y en cierto modo diluyendo las diferencias entre la figuración y la abstracción. Como dice Estrella de Diego, comisaria de esta exposición, lo que se pretende es volver a contemplar (la obra de arte) como acto subversivo.

Pollock solía decir que el flujo de la pintura, cuando la esparcía directamente del bote sobre el lienzo en horizontal, no es accidental, que él no hacía la pintura, sino que se hacía sola, ya que tiene su propio lenguaje. Y al contemplar su obra uno se da cuenta de que esto es así realmente; los ritmos de las líneas, y sobre todo, la selección de los colores no son fortuitos, tienen un sentido y nos cuentan cosas. Color y formas son los elementos fundamentales del arte. Un cuadro tan sencillo y tan expresivo como el Verde sobre morado de Mark Rothko, que pertenece a la colección Thyssen y que también podemos ver en esta muestra, es enormemente poderoso, precisamente por la elección de estos colores tan sombríos y que invitan a la introspección. Si contemplamos el Cristo de Velázquez del Museo del Prado, vemos que el verde del fondo (seguramente la mayoría de la gente que lo contempla lo ve negro) es muy similar al verde de Rothko y seguramente la intención del gran genio sevillano era la misma que la del norteamericano: introspección, melancolía. La fuerza del color que muchas veces se nos escapa, de ahí la idea de contemplar para subvertir, ver para entender.

Warhol creo el recurso de la repetición precisamente para diluir la figuración y acercarse, de este modo a la abstracción, utilizando el color del fondo para incrementar este efecto. Pero también utilizó otra vía para llegar a la conceptualización de su obra; en este caso el color utilizado era el blanco y negro, y el medio la fotografía, con la que transforma la cotidianeidad en arte: zapatos, viejos electrodomésticos, botellas de coca cola, lavabos o fachadas de edificios, aislados de toda humanidad se transforman en formas geométricas rítmicas; al abstraer su funcionalidad consigue crear un diálogo entre la figuración y la abstracción. Diálogo que llega a su máxima expresión, desde mi punto de vista, con la impresionante serie, aislada en una única sala, de la silla eléctrica, que inunda la visión de quien lo contempla hasta hacerlo insoportable por su significado.

Posiblemente sea esta la más importante exposición de este año. Una oportunidad para contemplar lo mejor del arte norteamericano de los dos cuartos centrales del siglo XX y poder subvertir nuestras ideas sobre el arte moderno. Una exposición que no te puedes perder, en el Museo Nacional Thyssen Bornemisza de Madrid hasta el 25 de enero de 2026.

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