Quien más, quien menos, todos esperábamos la respuesta del dúo Trump/Netanyahu al reconocimiento del estado palestino por unos cuantos estados occidentales y al desplante al genocida israelí en la Asamblea de la ONU del pasado 26 de septiembre. Ya la tenemos y desde luego es una gran genialidad de esta pareja. Que se escenificara en Washington, en conversación directa entre ambos (solo entre ambos), que ni siquiera se informara del contenido a la parte palestina, que Netanyahu aceptara sin pestañear y con una gran sonrisa debería darnos la pista de por dónde van los tiros. Vamos por partes.
Para Netanyahu la aceptación por parte de Hamas de este “acuerdo” significa la entrega de todos los rehenes, vivos o muertos, el desarme total de Hamas y el control (compartido con Trump) de la totalidad de la franja de Gaza; es decir, conseguir todos los objetivos que se había planteado desde el principio. Conseguiría también el poner fin definitivamente a cualquier posibilidad de crear un estado palestino (para que no quedara duda de esto lo ha dicho bien claro en un video que se ha apresurado a publicar). Es cierto que hay un artículo del proyecto de acuerdo que dice que, si se portan bien los palestinos a ojos de Trump, cabe la posibilidad de que se inicien conversaciones con el fin de plantear un hipotético futuro estado palestino; es decir, nada. Y también conseguiría el israelí poner fin a las presiones internas (por los rehenes) y externas (por el genocidio) y así poder irse de rositas.
Para Trump, aparte de otras consideraciones, conseguiría su sueño dorado inmobiliario, crear Gaza resort, aunque manteniendo a la población gazatí como maravillosa mano de obra barata, y acercarse a esa idea, a la vez pueril y megalomaniaca, de conseguir el premio nobel de la paz. Aparte de ganarse aún más el voto de los lobbies judío y evangelista cristiano.
¿Y qué ganan los palestinos con este acuerdo? Sobrevivir, que no es poco. En realidad este supuesto acuerdo no es sino un ultimátum amenazante, un trágala indecente, que lo que plantea es, o firmas el acuerdo o te seguimos matando. No es otra cosa. Aceptando el documento los palestinos renuncian definitivamente a un estado que ya, a día de hoy, no es más que una quimera. Renuncian también a cualquier tipo de autogobierno, que nunca llegaron a tener.
Por otra parte, este “acuerdo” deja en el más absoluto ridículo a Europa, que lleva tiempo sin pintar nada ni en Oriente Próximo ni en ningún sitio; a todos los gobiernos que tras reconocer al estado palestino corren a aceptar contentos la treta de la extraña pareja, incluido nuestro buenista Pedro Sánchez. Pero, ¿qué estado palestino han reconocido?
La cuestión es que si Hamas dice no a la propuesta el genocidio continuará, las muertes continuarán, el hambre continuará, el sufrimiento continuará. Y lo hará con aún mayor impunidad que hasta ahora. Será más difícil decir no, más difícil criticar, acusar, luchar por el fin de la violencia. Netanyahu podrá decir, Hamas tuvo en sus manos acabar con ello y decidió no hacerlo. Pero el pueblo palestino, como siempre, no va a tener opción de decidir. Serán Hamas y la Yihad Islámica.
Por eso Hamas debería decir que sí. Porque en estos momentos lo urgente y prioritario es que el pueblo palestino deje de sufrir y de morir. Merecen un respiro. Y ya puestos, creo que no solo Hamas debería entregar a los rehenes y desarmarse, sino que la Autoridad Palestina debería también desarmarse y disolverse. Y Palestina debería renunciar definitivamente a tener un estado (en el 20% del territorio original de Palestina), pues ya es del todo imposible aspirar a ello. Y deberían pedir la absorción de Gaza y Cisjordania por parte de Israel. Y en consecuencia luchar por la ciudadanía israelí. En definitiva, creo que luchar por un estado único plurinacional es una opción más realista que el luchar por un estado propio. Evidentemente esto iría en contra de la idea sionista del estado judío. Una idea que a la mayoría de israelíes (no a todos) les gustaría aún menos que tener como vecino a un estado palestino.