He de confesar que lo de Ceuta me llena de perplejidad. Hay tanto ruido en torno a este caso que uno acaba por no enterarse de nada. ¿O quizás se crea ruido para que nadie oiga nada? Tengo claro que Marruecos, y por tanto el Rey, que en un país sin libertades como es nuestro querido vecino todo pasa por su Majestad, tienen responsabilidades en el paso por su frontera, de 80.000 personas (porque son personas, con nombre, apellidos y sentimientos). Desconozco los detalles y por tanto no voy a hablar de ello. Tengo claro también que el Estado ha fallado, y por tanto el gobierno que lo dirige, del cual es el máximo responsable Pedro Sánchez. Y asimismo desconozco en qué medida también han fallado otras instituciones del Estado, como el CNI, los jueces, el Gobierno de Ceuta, la policía…
Si tomo como metáfora de catástrofe los incendios, como los que tristemente hemos vivido este verano, yo diría que ante ellos hay que actuar siguiendo un orden de prioridades: el primero, por supuesto, es apagar el fuego; el segundo, investigar qué ha ocurrido, por qué ha pasado, cuáles han sido los fallos (buscar culpables es inútil e innecesario en ese estadio, primero hay que saber qué ha ocurrido); y, por último, poner los medios para que no vuelva a repetirse. Pero en la catástrofe, que lo es, de Ceuta, no se está siguiendo ese orden: lo primero que se ha hecho es echar más leña al fuego, armar mucho ruido y, por supuesto, buscar culpables, que casualmente siempre son los del otro equipo, que para eso hay elecciones a la vista. Sin haber solucionado antes el problema “real” que se está viviendo aún en Ceuta, todo el mundo se lanza a dar tanto soluciones imaginativas como evidentes, y acusando al otro de inacción, provocación o lo que se tercie. Cualquier cosa menos aportar soluciones para resolver el problema que sigue vivo: las personas (insisto, con nombre, apellidos y sentimientos) que ahora mismo están sufriendo la crisis en la ciudad de Ceuta: los habitantes, que tienen miedo, sufren graves alteraciones en su vida cotidiana (colegios, por ejemplo) y se sienten inseguros; los inmigrantes, que sí, seguro que entre los 80.000 que entraron podía haber gente con no muy buenas intenciones, y seguro que también algunos que, siguiendo consignas, alentaban a la gente a entrar masivamente en Ceuta; pero no me cabe ninguna duda que la inmensa mayoría de esas 80.000 son personas que lo que desean es buscarse una vida mejor, y para ello son capaces incluso de arriesgar su vida (murieron en el intento muchas decenas de personas con nombre, apellido y sentimientos). Y aún quedan varios miles de ellos en Ceuta.
Parece claro que desde España todos ven como acción necesaria expulsar a todos los inmigrantes que aún quedan en Ceuta, pero para ello hay que llevar a cabo una filiación, y ésta no se puede hacer si no están todos controlados en un lugar seguro, y ese sitio solo puede estar dentro de los límites de Ceuta. Pero no se ha hecho aún, ¿Por qué? Es evidente que, por razones prácticas, pero sobre todo morales, hay que sacar a los cientos de menores que están vagando por la ciudad y llevarlos a sitio seguro en la Península, para poder decidir qué solución encontrar. Pero tampoco se ha hecho aún. ¿Por qué tanta descoordinación? ¿Por qué tantas trabas? Si realmente todos los responsables de este asunto hubieran querido solucionar esto, ya estaría solucionado o en vías de solución. Pero parece que es mucho más importante hacer mucho ruido y sacar réditos electorales. Lo que está pasando es una vergüenza.