El pasado mes de junio volví a mi amada Italia. Fueron solo unos días, pero son siempre intensos e inolvidables. Visité Venecia por primera vez y fue como encontrarte en un lugar irreal, sin coches, sin grandes avenidas, sin ruidos. Tan solo las riadas de turistas que se dirigen cámara en mano hacia la plaza de San Marcos rompen la paz. Pero basta alejarse unos pocos minutos de esa zona, a los barrios de Canaregio, Dorsoduro, Castelo o Santa Croce para encontrar cientos de rincones especiales en donde se hará inevitable enfocar y disparar para capturar el momento único. El único problema es que estás constantemente encontrando momentos y lugares únicos. Merece la pena olvidarse del mapa y de google para perderse por la vieja y serenísima república.
Pero la laguna véneta, cerrada por el elegante Lido, esconde tesoros más allá de los canales de Venecia. A apenas media hora en barco me escapé a ver un par de islas de obligado paso, Murano, famosa por su industria del vidrio, y Burano, con sus casas de miles y vivos colores. Un auténtico festival para los amantes de la fotografía. También saqué tiempo para escaparme a la romántica Verona, un lugar ideal para quedarse a vivir, aunque sea una temporada, y al lago Como, sacado de una novela de principios del novecento.
De todas encontrarás algunas fotos en mi página web https://fernandojimenezbarrero.es/ Espero que las disfrutes viéndolas, tanto como yo al hacerlas.

