PERO, ¿ESTO ES ARTE?

Con este sugerente título la filósofa estadounidense Cynthia Freeland, especialista en estética, publicó un libro en 2003, a la vez provocativo y clarificador, y ahora lo publica en España la editorial Cátedra. A pesar de los más de 20 años transcurridos el texto sigue teniendo mucha vigencia, a pesar de que en este tiempo han ocurrido muchas cosas en el mundo del arte.

Se trata de un manual para todo el mundo (es fácil de leer y no muy extenso) sobre la teoría del arte. Es decir, las ideas que han ido lanzando filósofos, historiadores, galeristas, museólogos y artistas  sobre lo que es arte y lo que no a lo largo de la historia: la teoría ritual, la formalista, la de la imitación, la de la expresión, la cognitiva, la postmoderna… No voy a entrar en ninguna de ellas, para eso está el libro, que desde luego os animo a que lo leáis. Porque lo que te induce el texto de Freeland es a repensar el arte, a preguntarte qué leches es esto. Por qué un urinario cualquiera no es arte, pero se transforma en arte cuando lo decide (provocativamente) Marcel Duchamp.

Una casa puede ser una obra de arte o no. Por ejemplo, el edificio de mi casa no es de ninguna manera una obra de arte, se construyó hace varias décadas con el objetivo de vender una vivienda a la gente que pudiera comprarla, pero ni el arquitecto ni los albañiles pensaban en arte cuando la hacían, y tampoco la gente que la ve al pasar no lo piensa. Sin embargo, cuando en los años 30 Frank Lloyd Wright construía la casa sobre la cascada, sí estaba pensando en construir una obra de arte, en absoluta sintonía con el entorno en el que la estaba construyendo. Y la gente que la veía, y los críticos, y los historiadores y artistas también la consideraban arte. Así que ya tenemos un punto de partida para que un objeto sea arte: que la intención de quien lo hace esté imbuida de creatividad artística y que los que observan el objeto, especialmente los galeristas y conservadores de museos, lo consideren una obra artística.

Lo que llevó a Duchamp a presentar un simple urinario como obra artística, titulándolo Fuente, fue proclamar que cualquier objeto o cualquier acto pueden ser considerados arte bajo ciertas condiciones. Que el arte no tiene nada que ver con lo bello, como sí lo creía Kant. Que el arte es, fundamentalmente un proceso comunicativo, una forma de expresión, de sentimientos, de ideas. Cuando allá por los siglos XII y XIII los artesanos, arquitectos, maestros canteros, albañiles, escultores y vitralistas levantaban las catedrales góticas había una clara intención comunicativa, la de mostrar a la gente corriente la grandeza de Dios (y por tanto de la Iglesia católica). Las casas de adobe y madera de esa gente corriente no tenían ningún efecto comunicativo, bastaba que fueran habitables.

Una obra muy interesante, yo diría incluso que imprescindible para todo los interesados en el arte, y que con seguridad te llevará a replantearte todo lo que has pensado sobre el arte hasta ahora.

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