LA EXPOSICIÓN DE VERONESE EN EL PRADO

Fui a verla a primeros de junio, al poco de inaugurarse, y la he vuelto a ver ahora, tras pasar una semana en Venecia y desde luego la he visto con nuevos ojos. Algo de lo que nunca había sido consciente hasta este momento, es la magnitud e importancia de la colección de pintura veneciana del Museo del Prado, en nada inferior a las que poseen la Academia de Venecia, la Pinacoteca Brera o la Pinacoteca Ambrosiana, ambas en Milán, aunque nuestro Prado posee más “tizianos” que las tres juntas. Y desde luego no anda detrás de la colección de obras de Paolo Veronese, piedra angular de la muestra de la que estamos hablando, y que estará abierta hasta el 21 de septiembre. Tienes tiempo para verla, no te la pierdas.

De los tres grandes maestros del Cinquecento veneciano, Tiziano, Tintoretto y Veronese, este último destaca por su dominio del color, con una gama cromática mucho mayor y un dominio absoluto del color iridiscente. Me fascinan sus cielos cambiantes, con un contraste bellísimo entre un azul vivo del cielo y los verdes de los árboles que siempre aparecen en sus cuadros (alguien que entienda de árboles puede distinguir los diferentes tipos que se pueden encontrar en ellos). Tampoco falta en los cuadros del Veronés las referencias arquitectónicas, especialmente a la obra de Andrea Palladio, coetáneo al pintor, y que desarrolló su obra en Venecia y Vicenza, muy cercana ésta a Verona, ciudad natal de nuestro artista. Todo este conjunto dotaba de una gran teatralidad a muchos de los cuadros de Veronese, algo que lo diferenciaba del resto de pintores coetáneos, tanto venecianos como del resto de Italia. Esta teatralidad venía reforzada también por el gusto del pintor por la ambigüedad de sus grandes obras, fundamentalmente por su serie de banquetes (en la exposición se puede “disfrutar” de algunos de ellos), al introducir personajes y escenas contemporáneas en temas religiosos, cuestión que en alguna ocasión, como en la “Cena en la casa de Levy” (cuadro que lamentablemente no podemos ver en esta muestra, ya que permanece en la Academia de Venecia) le causó a nuestro pintor algún que otro problema con la autoridad religiosa.

El itinerario de la muestra está concebido de un modo cronológico, terminando con su última época, y se agradece que se intercalen algunas obras de autores coetáneos o que le sirvieran de aprendizaje. Así podemos ver el magnífico cuadro de La Perla, de Rafael Sanzio, propiedad también del Prado, para mostrar la influencia que tuvo el pintor de Urbino en el Veronés. También es muy interesante la sala en la que se enfrentan, como en un gran duelo, La disputa con los doctores en el templo, de Paolo Veronese, con El lavatorio, de Tinttoreto, en el que se aprecian las diferencias de punto de vista de cada uno de los pintores, más bajo en el primero, con una distribución en paralelo a la arquitectura, con un punto de vista alto del segundo, para forzar más la visión del punto de fuga que acentúa la perspectiva. Unas características que acompañaron a cada uno de los pintores en gran parte de su trayectoria artística.

En definitiva, una exposición para no perderse. Y luego, si tienes ganas, pásate por las salas de la pintura veneciana, en la segunda planta, para completar la visión. 

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